Mostrando entradas con la etiqueta Punto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Punto. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de junio de 2014

Proyecto tricotero: un suéter para Mònica

Como podéis ver, he estado mucho, mucho, muchísimo tiempo sin actualizar el blog, aunque tenéis que creerme cuando os digo que lo he tenido constantemente en la cabeza. Resulta que mi pareja, Alex, y yo hemos tomado la decisión de casarnos y, como no podría ser de otra manera viniendo de mí, se me ocurrió la suicida idea de que todos los detalles para los invitados fueran manufacturados. Esto ha implicado meses de clausura like a virgin (oh, oh!). El resultado iré mostrándolo en los próximos chorropotocientos posts, pero ahora es momento de que os enseñe el proyecto más grande que he hecho jamás (hasta el momento): ¡un suéter de lana tamaño adulto! Sé que ahora que viene el calor no apetece nada de nada pensar en suéteres calentitos, pero me hace mucha ilusión enseñaros este proyecto hecho para mi gran y omnipresente (jejeje) amiga Mònica. 

Como siempre que tomo prestado el patrón de otra persona, os dejo el link aquí para que podáis descargarlo.  En este caso no hace falta hacerse usuario de la red social Ravelry para ver el patrón, pero como creo que ya os he comentado alguna vez, os recomiendo encarecidamente que lo hagáis si os gusta lanear y no estáis ya en esta maravillosa plataforma: es gratuito y podéis consultar burradas y burradas de patrones (muchos gratuitos, otros previo pago).
 

Información técnica tricotera: utilicé agujas circulares del número 10 (si no recuerdo mal), la lana utilizada era Katia Inca color 106 (creo que 5 ovillos) y el patrón fue adaptado al tamaño de las agujas y la lana utilizadas y al cuerpo de la personita destinataria (tomé como patrón el mío, que es similar). Como podéis ver en la foto, las mangas quedaron un pelín cortas, pero, abra cadabra, cuando Mònica lavó el suéter (a mano, siempre a mano), al contrario de lo que cabría esperar, las mangas se alargaron, así que está perfecto.

Como se lo di hace unos meses, todavía se lo pudo poner alguna vez antes de que acabase la temporada de abrigos y bufandas... el curso que viene, ¡más!

Y ahora... ¿preparados para el desmadre amigurumista? ;)

viernes, 14 de junio de 2013

¡Trico-trico-tra!

El pasado invierno me pasó lo mismo que me pasa siempre: cuando voy a comprar ropa no encuentro nada que me guste. Y mira que era sencillo, porque yo sólo quería un suéter de punto calentito para esos días tan fríos y húmedos. Lo cierto es que había jerséis de punto, pero o tenían tachuelas (estarán muy de moda, pero a mí me parecen, por lo general, horribles) o eran de colores más tristes que una panda de emo's*. Solución: DIY, abreviatura del inglés do it yourself, que en castenallo plano significa que te espabiles y te lo hagas con tus manitas.

El problema era el de siempre, la técnica. Yo en punto había hecho alguna bufanda que otra (si no cuento mal, tres), pero nada más, y entendía que un suéter implicaría una dificultad extra (aumentar y disminuir puntos, montar y cerrar de forma no chapucera, etc.). Como la red está llena de información, pero rato largo desordenada, preferí hacer algún curso donde me enseñaran paso a paso todo lo necesario. Y... ¡bingo! Durante el mes de febrero, que fue en el que empecé a montar todo este tinglao, en Ifil había una serie de cuatro cursos encaminados a crear tus propios suéteres, vestidos, etc.

Una vez resuelto el problema de la técnica, sólo quedaba practicar. Como empezar directamente con un suéter de tamaño adulto me pareció un poco duro, pensé que mucho mejor era tomar como excusa una de las criaturas que están a punto de nacer a mi alrededor (cuando alrededor tiene unos cuantos muchos kilómetros de distancia), la futura hija de Eva.

Primer hándicap: dónde encontrar un patrón decente. En los cursos de Ifil nos recomendaron que nos inscribiésemos en la gran red social de frikis de la lana Ravelry, donde encontré un patrón gratuito de un vestido monísimo.

Segundo hándicap: las agujas. El vestido en cuestión no tenía costuras, para lo cual era necesario tejer con lanas circulares. Me acabé comprando un pack de agujas de diferentes grosores y longitudes intercambiables. Nunca antes había probado las agujas circulares, y ahora ya no seria capaz de volver a las rectas. Comodidad, versatilidad... ¿qué más se puede pedir?


Tercer hádicap: la lana a elegir (colores, tipos, etc). Como era la primera pieza complicada que tejía, preferí ceñirme al patrón en cuanto a grosor de la lana y, por lo tanto de las agujas (3 mm). A lo que no me ceñí en absoluto era al color: en el patrón aparecía una fotografía del vestido en fucsia. Como lo de que el rosa es para niñas y el azul para niños lo aborrezco a muerte, me decidí por un vestido bicolor: una parte la haría con verde oliva y la parte principal con verde lima (no es que sea de las mujeres que saben diferenciar 50 millones de verdes, simplemente es lo que ponía en la etiqueta de la lana). En cuanto al tipo de lana, la elegida fue la alpaca.



Después de la prueba de tensión, de empezar el vestido y de deshacer más de dos y más de tres veces alguna parte, esto es lo que salió:



Después de tanto ganchillo, ya empezaba a ser hora de dedicarme al punto, ¿no?

Os dejo con la canción que da nombre a este post, jejeje ¡Que tengáis un buen fin de semana de calor hasta en la sombra!


* N. del A. Me ha hecho mucha mucha risa que el editor de texto me haya detectado emo's como error de vocabulario y lo haya querido cambiar por memos.