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miércoles, 18 de septiembre de 2013

Singer in the rain

Y después de haber transcurrido bastante tiempo desde que hice aquel curso de reciclaje de ropa y aprendí a utilizar la máquina de coser, por fin sacaron en el Lidl una de esas fantásticas ofertas de una Singer muy apañaíca por menos de 100 €.... :D


El primer proyecto al que me he enfrentado una vez adquirida mi propia máquina ha sido una funda donde colocar la servilleta y los cubiertos aquellos días en los que te tienes que llevar la fiambrera al trabajo. Las telas las compré en Fet a mà, tienda de la que ya os he hablado alguna vez.


El mayor quebradero de cabeza fue planificar bien los pasos a seguir para que no quedara un churro cosido y recosido, sino que se vieran las mínimas costuras posibles. Después de coser y descoser alguna que otra vez, esto es lo que ha salido:


Ahora la idea es hacer algo parecido, pero para transportar las agujas circulares de tricot y las de ganchillo en lugar de los cubiertos. Ni que decir tiene que aquí estará colgado una vez hecho, pero eso será de aquí a un tiempo... ¡no todo en Feel i Cotó va a ser costura!

martes, 9 de julio de 2013

Summertime

Si la moda me incomoda en invierno, el verano no iba a tener distinto privilegio. Ni papagayos, ni colores fosforitos, ni tapetes de la abuela reconvertidos en camisetas. Pero esta vez no podía echar mano del recurso "fácil" de las agujas y la lana por razones obvias, así que opté por comprarme camisetas lisas y decorarlas a mi antojo. Como primer experimento he optado por bordar en cadeneta con diferentes hilos marrones, vestigios de mi anterior etapa de punto-crucera, una camiseta blanca... no las tenía todas conmigo, pero al final ha quedado resultona.


domingo, 27 de enero de 2013

De camiseta a bolsa de tela

Este post habla sobre la reencarnación de los objetos, su transformación en algo diferente una vez terminada su vida útil: el reciclaje. 

A Àlex, mi pareja, se le hizo un tanto pequeña una de sus múltiples camisetas de Star Wars así que ya no se la volvería a poner jamás de los jamases, pero era una pena tirarla porque era muy graciosa y en realidad todavía estaba nuevecita. Me preguntó si me atrevía a convertir la camiseta en una bolsa de tela para llevarse la fiambrera al trabajo... evidentemente, le dije que sí.


Casualidades de la vida, esa semana me llegó un correo del Centro de Cultivos Contemporáneos del Barrio en el que, entre muchos otros, se anunciaba el taller "Mending Sentimental: remendar y reciclar prendas de alto valor emocional"... como anillo al dedo. Yo todavía no había visitado este CCCB, pero a Aviv, el chico que está al frente de este proyecto, lo conocía de un curso al que me apunté poco después de llegar a Barcelona para aprender a hacer ganchillo (ni que decir tiene que me resultó de muchísima utilidad). Aviv, y por consiguiente los cursos que se imparten en el CCCB, es pura experimentación creativa: desde cómo realizar un compostero casero hasta la maceración de licores, desde talleres de serigrafía hasta clases de ganchillo y costura... todo lo que os podáis imaginar.

Y allá que me fui. A lo largo de tres clases (en realidad eran cuatro, pero a una no pude asistir) aprendí a enhebrar y utilizar una máquina de coser (no había utilizado una en mi vida), también utilicé una overlock, aprendí muchos conceptos y técnicas de costura completamente nuevos para mí y, sobre todo, conocí a gente majísima con la que compartí experiencias y conocimientos. Aquí podéis ver el post que Aviv incluyó en el blog del CCCB sobre los trabajos que hicimos.

En cuanto al resultado final, juzgad vosotros mismos:


Ahora falta ver cuánto dura la bolsa... sea como sea, siempre será más útil que en su antigua forma de camiseta empequeñecida.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Experimentando con la tela

¡Hola a todo el mundo! Hoy, día de pax y relax, vuelvo a tener un ratito para traeros mi ultimísima creación. Esta vez he dejado de lado el fieltro y la lana para pasar a una tarea algo más clásica: la costura de un disfraz.

Hace cerca de un par de meses se nos ocurrió hacer una fiesta de disfraces como celebración de mi cumpleaños (27 de noviembre) y el de mi coleguilla Xavi, que también hacía años por esas fechas. Barajamos varias posibilidades y al final decidimos hacer una fiesta temática de cine. Mi idea inicial era disfrazarme de Mia, de Pulp Fiction (lo tenía todo, la camisa blanca, el pelo moreno cortado en melenita, los pantalones ceñidos, etc.), pero casualidades de la vida, otra amiga decidió, paralelamente, ir del mismo personaje. Después de hablarlo un poco, le cedí el disfraz y me planteé un reto: hacerme yo misma un disfraz de Princesa Leia

El primer problema que me encontré era cómo demonios hacer un disfraz que quedara creíble si nunca antes había hecho nada parecido y no tenía (ni tengo) ni idea de hacer patrones. Buscando un poco por Internet encontré la página web de Pam y Scott, un par de frikazos que se dedican a hacer disfraces suuuuper currados, en la que estaba el patrón del vestido de Leia. Así que fui a una tienda de retales que hay cerca de casa, compré 4 metros de tela blanca y me puse manos a la obra. Si lo hubiera pensado en su momento, habría hecho unas cuantas fotos del proceso para colgarlas en el blog, pero con tanto trajín la verdad es que se me pasó... sorry.

El siguiente problema que me encontré era que mientras yo mido 1 metro y 60 y pocos centímetros y soy más bien enjuta, seguro que Pam es una señora mujer hecha y derecha, así que me sobraba tela por todos los lados. La solución fue simple: recortar un par de dedos de tela de cada lado y volver a coser... a estas alturas ya me empezaban a doler los dedos... y las neuronas.

El penúltimo problema vino con el tipo de tela: el disfraz había quedado muy mono, pero la tela era tan rígida que en lugar de parecer una princesa parecía un monje cartujo. Idea genial de Sara: lavar con tres tapones de suavizante el disfraz. Y la verdad es que funcionó, porque la tela se quedó exactamente con la caída que tenía que tener, pero a cambio vino el último problema: las orillas que no había cosido con doble pliegue se me deshicieron. Estaba ya tan cansada de coser que decidí dejarlo tal cual, aunque recortando los hilos que habían quedado sueltos... al fin y al cabo, no era más que un disfraz y tampoco se notaba tanto.

Para acabarlo de rematar, decidí aplicarle unos toques de reciclaje: en primer lugar, al cinturón de tela blanca le añadí cinco blísteres plateados de medicamentos caducados que le dieron un toque espacial muy acertado, y en segundo lugar cogí un par de sujetadores que me venían pequeños, recorté los enganches y se los puse uno al cinturón y otro al cuello del vestido, consiguiendo así cierres discretos, cómodos y rápidos de abrochar.

Y este es el resultado de día y medio de trabajo intenso:



Efectivamente, ese pelo no es mi pelo, es una peluca, y la pistola es cutre de morirse, pero con dos euros y algo no se puede hacer mucho más.

Y en resumidas cuentas, nos lo pasamos muy bien en la fiesta, que al fin y al cabo era de lo que se trataba, y yo experimenté con el mundo de la tela. Y como conclusión final de todo esto, simplemente decir que no me vendría nada mal una máquina de coser si todo esto tira hacia delante.